La celebración del DÍA MUNDIAL DE LA SEGURIDAD DEL PACIENTE mañana 17 de septiembre invita a los profesionales del sector a debatir sobre los problemas derivados de la atención sanitaria.(https://www.seguridaddelpaciente.es/es/informacion/eventos/jornadas-talleres-reuniones/2020/dia-mundial-seguridad-del-paciente-2020/).

Pero fuera del ámbito profesional, el día nos sirve también para reflexionar sobre la situación que como pacientes estamos viviendo. ¿Cuál es el coste del fenómeno Covid? , ¿Cuáles son sus “daños colaterales?. No hablamos de perjuicios directos como las irreparables pérdidas humanas, ni del dolor de las familias. Tampoco de las consecuencias económicas y sociales aún incalculables. Hoy nos preocupa sobre todo el daño estructural producido en la sociedad. Porque el virus ha infectado nuestra convivencia, nuestra forma de relacionarnos; ha contagiado de apatía y desgana nuestros cimientos, dinamitado nuestro corazón y en definitiva, nuestra esencia como seres humanos. Ya nada preocupa más. Ha conseguido hasta desactivar nuestro instinto de supervivencia, eclipsando a su paso todo lo que nos rodea.

Y así, ya no hay catarros, ni resfriados, ni enfriamientos, hay Covid. No puedes tener un simple dolor de cabeza como los de antes. Es Covid. ¿Te duele una rodilla? Ahora no puede ser, alerta Covid. Flota en el aire una extraña sensación de inseguridad y abandono, la idea de que no es el momento de enfermar de nada. No corren buenos tiempos para ser paciente y por ello contemplamos con resignación como se anulan intervenciones prefijadas o retrasan “sine die” anhelados diagnósticos. Sin inmutarnos, sin protestar. Avergonzándonos por entorpecer con otras patologías de índole doméstico y mucho menos importantes, el sistema sanitario. Pero curiosamente, de todo esto, nadie es responsable ni culpable. O quizá sí. Sea como fuere la conclusión es que una vez más, los pacientes somos los grandes damnificados.

Por otra parte, resulta llamativo que los profesionales sanitarios –ahora ya ni aplaudidos ni ensalzados- están haciendo todo lo imposible por atendernos. Sus turnos y guardias, su esfuerzo, no estarán nunca suficientemente recompensados, sin embargo, más allá del personal y sus desvelos, algo falla. El sistema se colapsa, la excelsa maquinaria sanitaria de la que presumíamos ante el mundo se ha venido abajo y aunque somos pioneros en trasplantes y operaciones de cualquier tipo, no somos capaces de producir mascarillas para todos.

Seguridad para el paciente, y añadimos, respeto. Y ya de paso, aunque no sea el día, seguridad y respeto también para el profesional sanitario. Justas y antiguas reivindicaciones que hoy, desde INFORMACIÓN SIN FRONTERAS, no queremos olvidar.