Bienvenidos una vez más a nuestra cita mensual con la salud psicológica de la mano de nuestro podcast Saludablemente. Desde Información Sin Fronteras este mes respondemos a una pregunta que es posible que te hayas hecho alguna vez: ¿cómo puedo ayudar yo a esa persona cercana, quizá un amigo o un familiar, que atraviesa una depresión?


Profundicemos en ello.

El término de depresión alude a una disminución de funciones, a una reducción de actividad, a un enlentecimiento biológico y a una baja actividad psicológica y social.

Es un problema real, aunque no pueda verse físicamente en el laboratorio.

Es, de hecho, un problema de índole biológica, psicológica y social.

Se trata de un trastorno mental o del comportamiento, en lugar de propiamente una enfermedad mental, pese a lo que muchos piensan. Y más concretamente se trata de un “constructo” teórico o, lo que es lo mismo: una construcción mental.

Pertenece a la categoría de trastorno porque cuando se padece, está encuadra dentro de un marco temporal y afecta a áreas de vida tan básicas como el aseo, la alimentación, el sueño, el desempeño laboral, la vida social o de ocio, etc.

Su sintomatología puede ir desde la tristeza aguda a los sentimientos de culpabilidad, la dificultad para conciliar el sueño, la pérdida o el aumento de peso, la lentitud de movimientos, la sensación de fatiga…

Pero también esconde, con frecuencia, una gran pérdida de interés hacia las cosas y de disfrute de las mismas.

También suele conllevar que la persona que la padece termine aislándose de su círculo de amigos habituales y, en la mayoría de los casos, aparezca la idea de la muerte como mecanismo de solución hacia todo. Esto puede llevar ideas suicidas con o sin la verbalización de una intención de querer morir.

Existen multitud de teorías y modelos explicativos para poder comprender por qué ocurre. Estas van desde las teorías biológicas (donde las hormonas o el déficit de neurotransmisores serían los que ayudaran a entenderlo) hasta teorías sociales (según el apoyo social o las relaciones interpersonales que se tienen, entre otros) y unas amplísimas teorías psicológicas. Según estas últimas los constructos mentales y el comportamiento pueden interferir significativamente en la aparición de la depresión.

Por desgracia se trata de un trastorno muy incapacitante, que afecta mayoritariamente a las mujeres y sobre el que todavía existe un enorme tabú. De ahí que sea primordial que el entorno sepa ayudar y apoyar a quien la padece.

Así que, ¿qué puedes hacer tú para ayudar a esa persona de tu entorno que padece depresión?

Si eres familiar o conocido de una persona que padece este trastorno, aquí van unos consejos que pueden ayudarte:

  • Debes tratar de saber cómo está la persona a través de los síntomas que comenta.
  • Si desconoces en qué consiste la depresión, hazle todas las preguntas acerca del trastorno que necesites (en qué consiste, por qué se origina…).
  • Sé paciente y comprensivo al escucharle. Trata de no banalizar sus quejas. ¿A que no pedirías a alguien con fiebre que dejara de tenerla?
  • Hazle saber que estás ahí con cariño y sin provocar un sentimiento mayor de inutilidad en la persona (hay que evitar por todos los medios el “trae que yo me encargo, que tú no puedes”).
  • Mantente abierto a las propuestas que haga la persona. Si solamente quiere compañía en el sofá, estate con él o ella. No lo desacredites, aunque sí puedes sugerirle alguna que otra actividad.
  • Valora y felicita sus progresos, por pequeñísimos que sean.
  • Aliéntale a que continúe como lo viene haciendo hasta ahora con su tratamiento psicológico y farmacológico. Recuérdale que, con el tiempo, pasará la depresión.
  • Si la persona afectada tiene hijos menores, explícales, según su nivel de edad, lo que le ocurre a la persona afectada, ayudando a normalizar la situación. 
  • Si presenta ideas suicidas, trata de no asustarte y ayúdale/la a que las exprese. Contrariamente a lo que se piensa, por hablar no se “alimentan” las ideas. Al contrario, verbalizarlo muchas veces resulta de gran alivio y ayuda a limitar el riesgo.
  • En caso de que consideres que puede haber un riesgo inminente, no te alarmes pero tampoco le dejes solo. Retira cualquier objeto peligroso y avisa a los servicios sanitarios cuanto antes.
  • Si comienzas a detectar mejoría, anímale a que retome el ritmo a su vida cotidiana pero sin presionarle para que acuda a todos los eventos familiares o de amistades. Tiempo al tiempo.
  • Por supuesto, no debes olvidarte de tu autocuidado. Permanecer al lado de una persona con depresión produce cierto desgaste, así que trata de apoyarte en otras personas de tu entorno y no cargar con todo. 

Si después de todo necesitas ayuda, no dudes en acudir a un profesional.

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