Todos estaremos de acuerdo en que la educación es esencial para desarrollarnos plenamente como personas y por ello debería estar garantizada para todos en todas partes. Lo que hasta hace recientemente no sabíamos es que las consecuencias de este derecho negado injustamente a muchos niños van más allá de la aparición de desigualdades económicas y sociales y pueden derivar en la aparición de complicaciones a nivel de salud. 

Por decreto de la UNESCO, hoy, día 24 de enero, tenemos el privilegio de poder celebrar el Día Internacional de la Educación. Probablemente, para cada uno de nosotros nuestra educación signifique algo diferente: los modales que nos enseñaron nuestros padres, los problemas de mates que nos miraban con ojos amenazadores desde la pizarra del colegio o los libros de la biblioteca del instituto que nos transportaron a mundos que nada tenían que ver con esos pasillos. 

En lo que todos coincidiremos es en que la educación es un derecho humano (y una responsabilidad colectiva) gracias al cual, desde que somos niños, adquirimos conocimientos y habilidades, aprendemos, crecemos como personas y desarrollamos nuestra creatividad e imaginación. 

Sin embargo, en la celebración de este año, quedarán millones de velas sin soplar sobre la tarta, ya que según informes recientes, más de 200 millones de niños y jóvenes no están escolarizados, y más de 600 millones no pueden leer ni realizar cuentas de cálculo sencillas.  

Por ello, este año brindaremos por el acceso a la educación pero no perderemos de vista los desafíos urgentes. Porque como bien hemos acordado la educación es un derecho, pero todavía no está garantizado en muchos países. 

Este 2020 se cumplía el 60 aniversario de la campaña de Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza que lleva a cabo la UNESCO. En lo relativo al derecho a la educación, algunos avances notables fueron que 155 países ya regularizan legalmente al menos 9 años de educación obligatoria y 99 de ellos lo alargan hasta los 12 años. 

Además, uno de los Objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 se centra en una educación de calidad, inclusiva y equitativa que contribuya a reducir las desigualdades. Dentro de este objetivo encontramos dos puntos importantes: que todos los niños y niñas terminen los ciclos de educación primaria y secundaria y que se garantice un acceso igualitario a la educación superior. 

¿Por qué tanto hincapié en la escolarización obligatoria y en los estudios superiores? Más allá de la formación académica, diversos estudios realizados en Estados Unidos y en países europeos como Suecia, Dinamarca o Gales, han demostrado la vinculación entre los años de escolaridad obligatoria y la esperanza de vida y otros factores de la salud.

Esta posible correlación entre la educación y la salud es consecuencia de la organización social actual. En palabras de Laura Carstensen, directora del centro de longevidad de Standford, las personas con mayor educación logran empleos mejor remunerados, que exigen menos esfuerzo físico y que les permiten además llevar estilos de vida más saludables y libres de estrés. 

Además, Manuel Martín Loeches, responsable de neurociencia cognitiva del centro UCM-ISC3, hace otro apunte interesante para La Vanguardia: estas personas tienen acceso casi ilimitado a diversas fuentes de información, de modo que tienden a enterarse antes de las innovaciones científicas y otras recomendaciones sobre cómo cuidar la salud. 

Fueron los primeros en enterarse de que el tabaco era malo o de que es importante ponerse el cinturón de seguridad en el coche” aclara, además de recalcar que las personas que se encuentran en estas posiciones “tienen el deseo de mantenerse con buena salud para seguir con su vida, en la que tienen cosas que disfrutar”. 

Visto así, parece imposible celebrar este día sin reivindicar la necesidad de impulsar medidas para garantizar el acceso a la educación, no solo en edades tempranas sino hasta niveles superiores, puesto que ya no se trata exclusivamente de un tema académico sino también de una cuestión de salud pública. 

Generalmente (y muy a nuestro pesar) estos mismos países en los que la escolarización es problemática se enfrentan a otros retos sanitarios y medioambientales. Por consiguiente, además de garantizar la educación a nivel general, sería vital fomentar en ellos la educación científica. 

Así, se formarían comunitariamente médicos e investigadores, capaces de poner en marcha en sus propias regiones proyectos de investigación de fármacos o medidas de conservación del medio ambiente, entre otros muchos avances.

En esta línea, encontramos el programa Seeding Labs, una iniciativa que trabaja principalmente en regiones del sur global para garantizar que todas aquellas personas con inquietudes científicas pueden formarse y trabajar en sus lugares de origen, evitando la “fuga de cerebros”. Este es uno de los objetivos principales del proyecto, para cuyos integrantes “los problemas locales se resuelven mejor localmente”. 

 “Las comunidades de diferentes partes del mundo se enfrentan a retos únicos: desde enfermedades raras y plantas locales destructivas hasta el declive de los cultivos heredados y los cambios climáticos en sus regiones. Juntos podemos garantizar que los científicos que trabajan a nivel local dispongan de lo necesario para abordar estas cuestiones y desarrollar las soluciones más adecuadas para sus comunidades” explican en su página web (https://seedinglabs.org/).

En su portal también encontramos una frase que nos servirá para concluir y reflexionar en este día: “El talento está en todas partes. Los recursos no”. Así que “chin-chín” por la educación y que este trago nos sirva para coger fuerzas y seguir luchando para que el año que viene, por estas fechas, no falten invitados en la fiesta.  

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