La alarma llevaba sonando un tiempo entre la comunidad científica. Hace 4 años, la Comisión sobre el Marco Global de Riesgos de Salud para el futuro nos daba un número de pandemias a las que, posiblemente, íbamos a tener que hacer frente en los próximos cien años: cuatro. Muchas investigaciones científicas apoyaban estas predicciones y la Organización Mundial de la Salud insistía, por aquel entonces, en la necesidad de empezar a tejer la red que nos sostendría en caso de que nuestras peores sospechas se hicieran realidad: investigación competente, sistemas sanitarios reforzados, fondos financieros de emergencia. 

Pero el ruido aparente atronador de estas afirmaciones, apoyado por estudios exhaustivos como el llevado a cabo por el instituto Johns Hopkins de Salud Pública, Global Health Security Index, que afirmaba que “la seguridad de la salud nacional es fundamentalmente débil en todo el mundo” y que “ningún país está totalmente preparado para las epidemias o pandemias”, no pareció llegar a oídos de los gobernantes internacionales, o no era tan atronador como nos resulta ahora, a toro pasado.

Sobre este escenario entró en tablas el SARS-CoV-2 para cambiar la historia (de la humanidad). Y arrasó con todo porque, aunque quizás prevenidos, desde luego no estábamos preparados. Es inconmensurable la escala a la que estos eventos han afectado a nuestras sociedades a todos los niveles, pero la investigación científica parece haberse llevado el “premio gordo”, un caramelo envenenado con el que nuestros científicos, desde sus laboratorios aparentemente impermeables al reconocimiento social y desconectados de los méritos que les corresponden desde hace años, se han convertido, repentinamente, en nuestra única esperanza.

Esta transición de la percepción social del científico abstraído y ensimismado en su investigación hacia el súper héroe capaz de descubrir en meses lo que normalmente llevaría años parece haber sido beneficiosa para el gremio investigador: cuando el foco se ha colocado sobre el diamante, este ha reflejado mucha más luz. Se han reconocido muchas proezas pasadas y la ciencia, mujer de armas tomar, por fin ha sido portada de la revista.

Pero todo ello, aun pudiendo tener grandes beneficios a largo plazo, no deja de ser un síntoma del COVID. Pese a que tanto la comunidad científica como el público general estén satisfechos con este nuevo posicionamiento de la ciencia, el precio a pagar ha sido la priorización de la investigación en coronavirus frente a otras investigaciones, y la pregunta es: ¿nos lo podemos permitir?

Toda crisis sanitaria es una llamada a la que la comunidad científica y médica debe, sin duda, responder. Pero cuando llega un punto en que todo parece estar “covidizado”, quizás debemos empezar a preocuparnos. Para Madhukar Pai, investigador en McGill University, Canadá, “la ‘covidización’ es el impacto distorsionante de la pandemia en la manera en que se financia, produce, publica y comunica la ciencia”. Tal y como Pai explica, en ocasiones pasadas la investigación impulsada por la urgencia de una crisis sanitaria ha dado sus frutos, como por ejemplo con el brote de ébola en África occidental o con el SIDA. Sin embargo, ahora que aún estamos a tiempo debemos evaluar y ser conscientes los riesgos de la “covidización”, con el fin de no tropezar dos veces con la misma piedra: esta vez estaremos prevenidos y, en el mejor de los casos, también estaremos preparados.

Comenzando por el impacto que esta situación está teniendo a nivel organizativo, estamos viendo como el curso de líneas de investigación enteras se ha visto alterado por imposición de la pandemia, alejándose de su dirección natural dentro del área de especialización que les corresponde. Que la energía de científicos cuya especialidad no es la virología se invierta en hacer girar la rueda de la investigación del COVID es un riesgo, pero determinar si esto va a acabar en sonrisas o lágrimas es tarea ardua. Bien es cierto que de granos de arena se forma la montaña y que todo científico podría aportar el suyo, además que si algo caracteriza a los avances científicos es, paradójicamente, su imprevisibilidad, pero corremos el peligro de que esto resulte en redundancia y desperdicio de ideas que podrían ser más fructuosas en otros ámbitos. 

Así pasamos a una segunda consecuencia: esta fuga de cerebros a marchas forzadas desde otras ramas de la ciencia hacia la investigación del COVID no solo podría no dar beneficios a esta segunda, sino que podría suponer grandes pérdidas en el ámbito de las primeras. Estamos poniendo una tirita a una herida de dimensiones muy superiores y, si no se toman las medidas adecuadas, quizás superemos la crisis del coronavirus, pero estaremos abocados a una concatenación de otras crisis sanitarias consecuencia de enfermedades como el cáncer u otras enfermedades infecciosas, relegadas a un segundo plano por la ley de la oferta y la demanda.

Más a nivel personal, no podemos despojar al investigador del plano anímico. Muchos de ellos alegan que la “covidización” de la investigación científica ha generado un ambiente de decepción y frustración en líneas de investigación alejadas del SARS-CoV-2. A la preocupación que han sufrido los investigadores de perder la ya escasa financiación en sus campos, se suma el cuestionamiento personal de su propio propósito y la pérdida de la motivación para continuar trabajando en un campo que “ya no parece ser tan importante”, explica Lis Everded, quien investiga sobre trastornos cognitivos en el Weill Cornell Medicine de Nueva York.

La alarma está sonando de nuevo dentro del ecosistema científico, pero la cuestión es: ¿seremos capaces esta vez de convertirla en música para los oídos de políticos y público general y prevenir así las consecuencias de esta covidización masiva?

 

 

FUENTES: 

https://www.nature.com/articles/d41586-020-03388-w?utm_source=twt_nnc&utm_medium=social&utm_campaign=naturenews

https://www.theguardian.com/world/2020/may/01/demand-for-coronavirus-tests-raises-concerns-over-hiv-and-malaria

https://www.businessinsider.com/other-infectious-disease-spread-amidst-efforts-stop-covid-19-2020-4?r=US&IR=T