Tras meses de confinamiento, sueños rotos, desvelos, plegarias y proclamas, faltan palabras.

El cansancio, la incertidumbre, la desinformación, el número de muertes y el espectáculo público de los políticos nos ha dejado mudos.

Ya no hay aplausos, solo silencio. Miedo. Tristeza. Y un rumor sordo que acompaña nuestros pasos.

¿Dónde quedó aquella primera solidaridad? ¿Dónde el esfuerzo colectivo? La experiencia, lamentablemente, no nos ha hecho mejores. No somos más fuertes ni estamos más unidos y con las primeras lluvias se mojaron también nuestras buenas intenciones.

Y en este punto del camino en el que estamos, tan solos, tan desorientados, siguen faltando palabras. Palabras de consuelo para aplacar el dolor de tantas familias, de esperanza para los enfermos, palabras de ánimo y fuerza para seguir adelante cuando las piernas te fallan y tan solo quieres dejarte caer.

Hay que seguir. A pesar del desgaste hay que seguir caminando. Recoger los pedazos de nuestra vida, grandes o pequeños y recomponer de nuevo el puzle. Por dignidad, por rabia y por coraje. Hay que seguir y no rendirse, “aunque el frio queme, aunque el miedo muerda”, hay que seguir avanzando para alcanzar nuestro propio y particular cielo.

Así que donaremos palabras, las regalaremos. Charlaremos con cariño con nuestros mayores, rapearemos si hace falta para convencer a jóvenes y adolescentes, nos inventaremos un maravilloso cuento con el que tranquilizar a los más pequeños. Y ofreceremos las risas que nos queden, el ruido de nuestros aplausos, los abrazos y besos que inventemos, todo lo que se nos ocurra para volver a ser los que un día fuimos o si acaso, algo mejores.

Con la misma fuerza silenciaremos de una vez por todas las palabras vacías, los escritos malintencionados, las promesas fingidas, las mentiras de unos y otros, aquellas que traspasan mascarillas y se adhieren como el propio virus a lo más profundo de nuestro ser.

Seguiremos. Contra todo y frente a todo buscaremos las palabras adecuadas, la frase más cálida. Para ofrecerla al amigo, al extranjero, al hermano. A todas las personas que nos están necesitando. Sean como sean, vengan de cualquier sitio o piensen de cualquier modo.

Anímate, acompáñanos, sal de tu rincón y mira a tu alrededor. Alguien, seguro, necesita tus palabras. ¿Vas a negárselas?