Hablamos con la doctora Celia Sánchez-Ramos, profesora e investigadora en la Universidad Complutense de Madrid, de la toxicidad de la luz fría o azul.

  • Estamos sufriendo un exceso de luz. La retina, el tejido sensible a la luz situado en la superficie interior del ojo, no está diseñada para mirar directamente a la fuente emisora (como hacemos con los dispositivos electrónicos, por ejemplo). Esto hace que el tejido retiniano sufra un fuerte desgaste.
  • La muerte de las células que conforman la retina es irrecuperable, ya que no se reproducen. Si el problema llega a la mácula, en la parte central de la retina, se pierde precisión visual. Dentro de este exceso de luz, la luz azul (luz LED o fría) es la más perjudicial debido a su elevada energía.
  • La doctora Celia Sánchez-Ramos lleva más de quince años estudiando diferentes problemas visuales y sus causas. Hemos hablado con ella sobre su último estudio desarrollado en la Universidad Complutense de Madrid, acerca del daño que produce la luz azul en el epitelio pigmentario de la retina y cómo evitarlo.

Celia Sánchez-Ramos Roda es doctora en Medicina Preventiva y Salud Pública, doctora en Ciencias de la Visión por la Universidad Europea, licenciada en Farmacia y diplomada en Óptica y Optometría. Fue nombrada “Doctora Honoris Causa” por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo por su apoyo a la divulgación del conocimiento científico a la sociedad en el año 2012. Investigadora en el área de protección y prevención de la visión española, ha desarrollado quince familias de patentes, con titularidad de la UCM, relacionadas con la neuroprotección retiniana a través de elementos y dispositivos ópticos. Ha recibido más de 20 galardones por su labor investigadora y divulgativa, entre los que destacan el premio a “Mejor Inventora Internacional” por la OMPI (2009) y el “Gran Premio a la Mejor Invención Internacional” otorgado por la ONU (2010). Ha sido candidata al premio Príncipe de Asturias en 2011 y al premio Jaime I a la innovación en 2012.

Una sobreexposición a la luz

Junto con su equipo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid, la doctora Sánchez-Ramos ha demostrado lo perjudicial que puede ser la luz azul o LED que emiten los ordenadores y dispositivos electrónicos de los que nos hemos vuelto inseparables. Pueden dañar la retina hasta un 89% más que el resto del espectro electromagnético. «El estudio demostró que la radiación LED disminuye entre el 75 y el 99% la viabilidad celular en la retina y aumenta la aptosis (muerte celular) entre un 66 y un 89%. También aumenta la oxidación», explica la doctora Sánchez-Ramos. El hallazgo es de vital importancia si tenemos en cuenta que este daño se produce en el tejido donde comienza a procesarse la imagen, el cual forma parte ya del sistema nervioso y cuyas células, además, no tienen capacidad de recuperación.

“Nuestros ojos sufren una sobreexposición de luz. Nunca en la historia de la humanidad hemos estado tan expuestos, ya que, a las horas de luz solar (unas 6.000 en el centro de la Península Ibérica), se añaden las horas de luz artificial a la que nos exponemos en casa o en el trabajo”, explica la doctora.

La reflexión no puede dejarnos indiferentes. En efecto, confluyen varios factores por los que nuestra vista se ve expuesta, hoy día, a una ingesta de luz mucho mayor de la que sería saludable. En primer lugar, como señala la doctora, nuestro “día luminoso” no termina cuando se pone el sol, lo alargamos con luces artificiales, por lo que nuestra vista solo descansa de recibir luz durante las horas de sueño. En segundo lugar, la luz natural que recibimos del exterior es más dañina que hace décadas debido al agujero de la capa de ozono, encargada de absorber la luz ultravioleta. Por si fuera poco, una parte importante de nuestro día la pasamos mirando directamente a estas fuentes artificiales de luz (ordenadores, tabletas o teléfonos móviles). Estos dispositivos electrónicos, para colmo, emiten luz azul, que causa un daño directo en la retina, tal y como ha quedado, una vez más, demostrado en su estudio.

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Solo vemos una pequeña franja del espectro electromagnético, la luz blanca o “espectro visible.

El equipo de Sánchez-Ramos realizó pruebas con ratas y conejos y, finalmente, con epitelio pigmentario humano. Insertaron una lente con filtro y otra sin filtro, exponiendo en ambos casos a la luz azul. «Comprobamos que la aptosis por la exposición a la luz azul era hasta un 83% menor en el caso de las retinas protegidas con filtro”, explica. No en vano, desde el año 2010 se comercializan las pantallas protectoras Reticare patentadas por la doctora Sánchez-Ramos, cuya finalidad es impedir que, al menos, un porcentaje de esta luz azul llegue a nuestros ojos. También la compañía Apple ha comenzado a eliminar de sus pantallas el exceso de luz azul, lo que ha llamado, de forma comercial, «pantalla retina». Es muy posible que la tendencia de los fabricantes sea la de eliminar o filtrar esta parte de la luz de los dispositivos, a medida que se publican más estudios que corroboran su toxicidad. Otra idea que expone la investigadora es que se nos alerte, de alguna forma, del riesgo que corremos con su uso continuado. 

Se trata de un problema del que todavía no somos conscientes. “Hablamos de la calidad del aire pero no de la calidad de luz”, explica. Efectivamente, no nos damos cuenta del daño que supone para nuestros ojos los cambios que hemos hecho en las últimas décadas con respecto a nuestro hábitos. No solo trabajamos mirando directamente a estas fuentes emisoras de luz, también nuestro ocio está relacionado con ellas (televisión, cine, Internet…). Pero, además, la calidad de la luz artificial que utilizamos no es la más idónea. 

¿Qué podemos hacer, entonces?, ¿eliminar de nuestra vida los dispositivos electrónicos? “No es necesario», afirma la doctora. «Hay que evitar la luz fría en la medida de lo posible, porque todo suma. Miramos directamente a la pantalla. Una tableta emite entre 15 y 18.000 cuantas de luz, un smartphone antiguo unos 25.000 y un smartphone nuevo hasta 50.000. Queremos que sus luces compitan con lalight- del sol. Mientras el aire contaminado que respiramos sí puede renovarse de alguna forma, el daño en la retina por el exceso de luz perjudicial es irreversible”, explica. Según la doctora Sánchez- Ramos, deberíamos, también, ser más conscientes de las luces que nos rodean y evitar, en lo posible, las luces frías, esto es, las bombillas de alta graduación kelvin, cuya energía es mucho mayor a las de luz cálida.

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La luz azul tiene hasta 1.000 veces más energía que la luz roja. Aunque nosotros no percibimos estos colores, sí notamos una diferencia entre una luz y otra (más fría o más cálida).

Cuidar la vista desde la infancia

El aumento de la miopía en niños y adolescentes también es alarmante, y esto puede deberse a los cambios de costumbres tanto en el trabajo como en el ocio.

“Los escandinavos se han hecho miopes en una generación: un estudio en un grupo de jóvenes entre 25 y 29 años ha revelado un aumento del 40% en los casos de miopía; hace 20 años había un miope de cada 10 y ahora hay uno de cada dos”, explica la doctora Sánchez-Ramos.

Llama la atención que el hábito de mirar tanto tiempo a las pantallas es perjudicial en un doble sentido: por su emisión de luz azul y porque las miramos demasiado cerca. El ojo, para mantenerse sano, debe mirar a varias distancias. «Nos preocupamos por el aire contaminado, con razón. Sin embargo, este aire, se reemplaza y regenera. La luz perjudicial que percibimos causa un daño irrecuperable. En los niños, el uso continuado de los dispositivos electrónicos es aún más preocupante», afirma Celia.

“El hecho de que la pantalla sea táctil, hace que los usemos mucho más de cerca, por lo que se vuelve más perjudicial. La television daña menos la vista porque la vemos a mayor distancia y no de forma tan fija. En el caso de los niños, el uso de los dispositivos es más alarmante porque la retina está en proceso de formación. De hecho, hasta los dos años de edad, una retina no termina de desarrollarse. Y las células que conforman la retina son las mismas durante toda la vida, si se dañan, no se recuperan”, explica la doctora.

Protección con pantallas

Aparte de las lentes CSR, de gafas y lentillas, Celia Sánchez Ramos trabaja también en diseño de luz y de otro tipo de lentes, como las pantallas para los soldadores. Las personas que trabajan la soldadura sufren una exposición muy peligrosa de luz azul; sin embargo, la oscuridad de las pantallas de protección es tan alta que, en muchas ocasiones, los trabajadores se las quitan porque no ven lo que están soldando. “No se trata de quitarles toda la luz, sino solamente la luz azul y dejar, del resto, al menos un 30% para que los trabajadores puedan operar correctamente”, afirma la investigadora.

A este punto, cabe pensar que, si la luz azul es tan dañina, quizá lo más sensato es intentar eliminarla por completo de nuestras vidas. Pero no se trata de eso. Según la doctora: “No podemos ni debemos renunciar a la tecnología; tampoco de evitar el 100 % de la luz azul. Basta con eliminar un elevado porcentaje de la luz que recibimos diariamente y deretina reducir el tiempo de exposición”.

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En el centro de la retina se haya la mácula lútea, encargada de percibir los detalles, la cual nos permite leer o distinguir caras, entre otras cosas. La degeneración macular o DMAE es una de las principales causas de pérdida de visión en personas mayores de 60 años.

Tal y como la doctora afirma, es imposible prescindir de la luz artificial ni de los dispositivos electrónicos. Lo más lógico es controlar el número de horas de exposición y protegerse. Una buena idea es utilizar bombillas de luz cálida (baja graduación kelvin) en lugar de las que emiten luz fría. Utilizar pantallas de protección para el ordenador y los dispositivos móviles como las de Reticare sería un segundo paso y, por último, si se es miope (sobre todo si se tiene una graduación alta, ya que la retina sufre más) usar lentes de tipo CSR (que filtran la luz azul) en gafas o lentillas. No se trata de cambiar por completo nuestros hábitos, pero sí de llevarlos a cabo de una forma más consciente y de poner filtros al tipo de luz que más daña ese tejido tan valioso que es la retina y del cual depende la vista que tendremos durante nuestra vida.