Los libros siempre han sido mis mejores compañeros, maestros pacientes y sabios consejeros.

Y es que antes de recibir el diagnóstico estuve realmente perdida y desanimada, sobretodo, después de que el medico de la empresa me derivase a un psiquiatra para que me tratase por depresión.

Es verdad que todos los síntomas llevaban a la consulta del psiquiatra pero, ¿no se podría haber sospechado de algo más?

Sí estuve hablando con psiquiatra y fue el haber salido peor que al entrar, lo que me dio motivación para empezar mi búsqueda personal por un diagnóstico acertado.

Entonces, mi estantería empezó a poblarse de libros sobre temas médicos.

El primer libro a abrirme los ojos para muchos temas pendientes y de los que sólo yo podría me podría encargar fue Curar del Dr. David Servan-Schreiber.

Me tomé en serio cosas que todos sabemos que se deben hacer pero procrastinamos. En la salud, pero sobretodo, en la enfermedad, la alimentación, el control del estrés y una actividad física moderada, cuando posible, lo cambian todo.

Y a mí, esas 3 cosas me han dado un nuevo animo y me motivaron a poder hablar mi ginecóloga sobre todo lo que había estado sufriendo en los últimos años.

Ella sugirió el análisis hormonal y dio en la tecla con el diagnóstico.

Al empezar la reposición hormonal las principales molestias fueron desapareciendo. Las alergias, dolores musculares y los calambres. Pero, otras cuantas se resistían y empecé mi búsqueda de información en Internet.

En aquella época, casi toda la información en Internet estaba en inglés y era además demasiado técnica para mí.

Buscar información médica en la red puede parecer fácil pero, en realidad, puede acabar siendo también una fuente de problemas.

Lo primero es no obsesionarse porque la cantidad de información es exagerada y a veces puede ser incluso contradictoria. Luego, hay que saber leerla con ojo crítico y tener claro que NO todo se aplica a nuestro caso.

Estar bien informados incrementa nuestra participación en el tratamiento y aumenta nuestra confianza siempre que no suponga mas estrés.

También conviene tener en cuenta que vivimos la “era de los expertos” en la que mucha gente quiere hacer creer que su método es el mejor y se aplica a cualquiera pero la información médica debe ser tratada con rigor.

Por esto, al principio, opte por los libros. Fueron muchos e aun así traté de no llevar a raja tabla todo lo que leía.

De todo lo dicho he sacado unas lecciones.

 

Imagen: Pixabay.com

La primera es que conocernos a nosotros mismos y confiar en nuestra intuición es fundamental. De lo contrario, podría estar aun tomando fármacos psiquiátricos y buscando traumas de infancia en vez de estudiar el tiroides.

Luego, no obsesionarse con la cantidad de información el Internet y priorizar los sitios de entidades médicas de confianza o de las asociaciones de pacientes.

La información debería estar redactada por especialistas antes que por expertos por que ahí reside toda la diferencia.

 

Texto de Ana Bruno, voluntria de Información Sin Fronteras.