Nadie mejor que ellos sabe que se siente a nivel personal y social. Agradecemos el testimonio de Ana, una persona afectada por fibromialgia que nos cuenta hoy como es su día a día.

Un día pasable

6:30 Suena la alarma del móvil. Hay que levantarse. Es más fácil pensarlo que hacerlo. Hoy he descansado. Casi cinco horas seguidas de sueño.

Ducha hirviendo para relajar los músculos. Por hoy será suficiente. Aun así, la rigidez y el dolor hacen que me mueva sintiéndome una tabla.

Desayuno con pastillas, última higiene personal y más de una hora después de levantarme, voy al trabajo.

Llevo apenas una hora sentada con el ordenador y al levantarme de la silla, más dolor y más rigidez. A veces, se puede disimular, otras incluso se olvida con la rutina del trabajo y echando unas risas. Tras montar varias veces el numerito de levantarme doblada y después de algún ibuprofeno más, llega la hora de salir.

Ya estos en casa. Inevitables tareas: la comida, recoger, hay cosas que hacer todos los dias aunque sea mínimo.

Pienso que debería hacer ejercicio, caminar por lo menos, debería… Envidio a los que, con dolor, y con este cansancio infinito, son capaces de moverse, de hacer bien los deberes y trabajar sus músculos.

Tengo que desterrar pensamientos negativos y de autocompasión. Eso hoy lo consigo.

22:30 Hora de dormir y «descansar». A las 00:30 aún no. En algún momento me he dormido: 3:30 más o menos. El dolor te despierta. Hay que moverse para recuperar un poco los músculos. 6:30 otra vez.

 Un día malo

6:30 imposible levantarme. 7:00 suena la segunda alarma.

Me levanto con ayuda del quicio de la puerta. Muy despacio, poco a poco, sintiendo todos los músculos doloridos y atrofiados. De las articulaciones no hablamos.

Ducha hirviendo, manta eléctrica, pastilleo. Allá vamos.

Feliz si llego a subirme al coche y puedo mover el volante y los pedales.

Trabajo: no soy capaz de disimular nada. Soy cansina porque hablo siempre de lo mismo, porque me quejo. Ya lo sé.

Casa: Hago lo que puedo, por lo menos la comida.

Gruño por todo y los demás me aguantan. Los familiares, amigos y compañeros también se llevan su ración de fibromialgia.

Un día horrible

No puedo levantarme ni con ayuda. Prefiero el dolor a este cansancio de no dormir, de no vivir. Me prohíbo el lamento aunque sea interior.

Ducha, manta, calor, ibuprofeno y no puedo.

Hoy fracaso absoluto. Hay que llamar al trabajo para decir que no puedo ir.

Duelen sitios que normalmente no se sienten: las cejas, las axilas, los pómulos, las yemas de los dedos de las manos y de los pies. Al respirar, molestan los intercostales…

En un día pasable los planes sociales pueden conservarse si son tranquilos.

En un día malo, mejor no, no vayamos a empeorar, cancelado.

En un día horrible no hay nada.

Días buenos hace mucho que no tengo.

Al dolor te puedes acostumbrar si no es muy agudo ni muy generalizado. El cansancio es peor pero también puedes asumirlo.

Esto es lo que hay. Algún día se sabrá por qué y cómo tratar el origen y no los síntomas.  Yo lo creo ferozmente.

De todas formas pienso que hay cosas mucho, muchísimo peores, infinitamente peores que la Fibromialgia.

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