Nuestra compañera voluntaria Helena Marcos firma esta preciosa reflexión sobre los difíciles tiempos que corren. Muchos siguen sin vislumbrar la luz al final del túnel, pero siempre hay motivos para la alegría. Este texto lo demuestra.

«Tras la lluvia de ayer, amanece. Un pájaro inocente cruza el cielo. ¿Por qué la vida sigue tan campante cuando tanto dolor flota en el aire?. ¿Por qué tantas historias personales se han quedado sin contar? El sol brilla con fuerza y se abre paso entre las nubes. ¿Dónde están el tiempo y la alegría? No hay respuesta. Solo un silencio doloroso rasgado por el canto de ese pájaro indecente.

Pienso en estos días donde los críos aun no entienden quién secuestró sus risas y sus juegos, donde las personas solitarias deambulan por un eterno monólogo. Días robados a nuestros mayores, a los que cada hora les supone un alto precio.

Contemplo nuestros jóvenes. Con toda su energía retenida, sus sueños, sus amores. Tantos y tantos proyectos e ilusiones… Imagino a sus padres, a sus madres, su miedo y su plegaria.

Mientras, el pájaro se arranca y describe piruetas en el aire, ajeno a todo, sereno y feliz, involuntario. Y siento que a pesar de mi inmensa tristeza la vida continúa. Orgullosa y altanera, imperturbable, guiñándome un ojo e invitándome a vivir a toda costa. Sin retrasos ni esperas. Sin hacerse de rogar. Porque ella no se detiene, no repetirá la jugada. No volverá a darme una nueva oportunidad. Así que sin tiempo para recuperarme, recojo mis cenizas y vuelvo a ponerme en pie con paso firme y decidido.

Y mientras camino, con miedo, pero valiente, voy pensando en todos los motivos que seguramente tenga para la alegría, en todas esas cosas por las que hoy, más que nunca, merece la pena sonreír:

Por la gente responsable que confinada en su casa intenta proteger a los demás.

Por las manos sanitarias que nos devuelven la vida. Por los reponedores, transportistas… por todos los héroes sin nombre.

Por los aplausos que cada tarde nos llenan de esperanza.

Por el tiempo que nunca tuve y que ahora dedico a mi familia.

Por la vocación seria y comprometida de tantos genios.

Por la solidaridad, la imaginación, la fuerza y la valentía.

Por las palabras de cariño que compartí hoy con mis padres.

Por los amigos de verdad, por las risas sinceras, por la amabilidad.

En definitiva, por toda la gente buena que siempre ha estado ahí y que me hacen volver a creer en el ser humano.

Por todos ellos, y porque esto no será eterno, adelante, busca tu motivo y hasta el momento en que podamos volver a abrazarnos, empéñate, sé feliz».

Y también…

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