Con esta frase resume Dani, de 14 años, su visión sobre la pandemia. Y es que esta amarga experiencia, unida a esa etapa vital de cambios e interrogantes, puede resultar aún más traumática. Ni los adultos supuestamente maduros sabemos encontrar una respuesta. ¿Qué decirle entonces a un adolescente que abre las puertas al mundo de los mayores y solo ve incertidumbre y desesperanza?

El instituto es ahora un espacio extraño y milimetrado donde todo son órdenes y prohibiciones. Sus amigos, su grupo de referencia y apoyo, casi no sale o está tan asustado como él. Han suspendido las extraescolares, no hay salidas culturales ni un parque en el que sentarse con los colegas a echar unas risas. Hasta el entrenamiento de fútbol, su gran pasión, ha “cerrado por vacaciones”.

El tiempo hablará de las repercusiones de esta pandemia, pero más allá de las consecuencias económicas y sociales, hoy especialmente nos interesan las secuelas psicológicas. ¿Cuánto daño está haciendo a nuestros adolescentes una menor y más deficiente formación?, ¿qué supondrá su escasa interacción social? ¿cómo puede afectar el hecho de perder incluso a familiares cercanos?, ¿cómo repercutirá la falta de recursos?. Queda mucho aún para aclarar estas cuestiones pero hay una pregunta crucial. Aquí y ahora. ¿Cómo afrontar esa perspectiva adolescente de que “no hay futuro”?

El panorama puede parecer aterrador pero no podemos rendirnos. Los adultos, ahora más que nunca necesitamos dar la talla y reinventar el camino. A pesar de nuestros temores e inseguridades los chavales son ahora lo más importante. Necesitamos reencontrarles, devolverles la ilusión, hacerles sentirse fuertes y protegidos. No hay fórmulas mágicas, ¿qué más quisiéramos?, ni remedios infalibles. Pero tampoco hace falta ser un experto. Es tan solo AMOR. Y comprensión, y paciencia, y deseos infinitos de ganar esta batalla paralela al virus. Poner de nosotros mismos, interesarnos, pedir ayuda… Aquí van algunas ideas.

– Apuesta por la psicología buscando información sobre las claves que te permitan acercarte, comprender y apoyar a tus adolescentes:

– Interésate ahora más que nunca por sus aficiones, sus preocupaciones, sus anhelos. Abre nuevas oportunidades, dedícales ese tiempo que nunca tuviste, descubre con ellos nuevas experiencias, comparte, motívales:

Aprovecha toda la información y experiencias disponibles. Seguro que como padres y madres tenemos mucha más imaginación y mucho más que compartir. Escúchales, apóyales. Para que pronto podamos retomar nuestras vidas.

¡PARA QUE EL FUTURO SEA MEJOR, Y DE VERDAD, MEREZCA LA PENA!