Imaginemos un mundo sin el rumor de las palabras, sin canciones, sin el sonido del agua. Esa realidad tan dura que algunos de nosotros no somos capaces de imaginar, es el día a día de las personas sordas. Sin embargo, los avances tecnológicos han devuelto el sonido y la sonrisa a personas como Paula, una joven de 23 años con un implante coclear.

-¿Cuándo empiezas a darte cuenta de tu problema de audición?

“Con tan solo 6 meses de edad mis padres detectaron que había algún problema. Yo no les atendía, no escuchaba. Les dijeron que una  bacteria, el neumococo, había provocado daños en mi aparato auditivo”. Al principio me pusieron un audífono pero yo era muy pequeñita y el aparato me molestaba. Mis padres dicen que me lo quitaba, lloraba, lo tiraba al suelo… Claro, yo no lo recuerdo, pero supongo que sentía algo extraño y por eso no conseguía adaptarme”.

¿Qué hicieron tus padres entonces?

“Comenzaron a buscar otras soluciones. Se informaron en muchos sitios y finalmente decidieron que me operara en la Clínica Universidad de Navarra”. Se trataba de insertarme un implante coclear».

¿En qué consiste exactamente esa operación? ¿Cómo funciona el implante?

“Es una especie de transmisor. Se inserta en el interior de la cabeza y transforma las señales acústicas para estimular mi nervio auditivo. A partir de ahí, con un aparato externo que yo me coloco en la parte externa del oído, puedo oír.”

¿Y tienes una audición perfecta?

“Si, únicamente me molestan las interferencias, es decir en sitios donde hay mucho ruido me cuesta más oír pero básicamente me lo quito para ducharme y me lo vuelvo a colocar. Es como el que lleva gafas”.

Imagino que esta operación no está financiada por la Seguridad Social.

“No, es privada. Doy gracias a mis padres por su decisión y también por su esfuerzo dado que el coste anual del mantenimiento del aparato en su parte externa – el interno lo cubre la Seguridad Social-, es muy caro. Creo que entre 1500 y 2000€ anuales”.

¿Cómo te encuentras desde la operación?

“Muy bien. Únicamente tengo que pasar una revisión periódica, ahora, cada dos años”.

Tu limitación ¿te supone algún problema a nivel social? ¿Te molesta la definición “sorda”? A veces se usa en tono jocoso…

“No, no me molesta pero a veces la gente confunde. Por ejemplo, una persona sordomuda no es muda porque existe el lenguaje de signos y esta es ya una forma de comunicación”. Es una pena que no se valore ni haya más conocimiento del lenguaje de signos”

¿En qué medida ha influido en tu vida personal esta situación?

“Bueno, eres más sensible. He hecho Magisterio y me gustaría especializarme en niños con este tipo de problemas. Sé lo que se siente y me gustaría poder ayudarles”.

Esta es la realidad de Paula, una persona totalmente integrada y feliz a pesar de su limitación, un ejemplo claro de la tecnología, al servicio de las personas.