En muchas ocasiones, los pacientes no asimilamos los mensajes orales que nos transmiten los profesionales de la salud, y los informes escritos, menos aún. La mayoría de las personas, cuando acudimos a una consulta médica y recibimos un diagnóstico, salimos de ella con dudas sobre nuestra enfermedad y el tratamiento que debemos seguir.

Por poner un ejemplo real, transcribo la conclusión de un informe médico que recibió un familiar recientemente:

«Hematuria post ITU. Se comenta la situación con el paciente y se decide el alta hospitalaria. Beber agua en abundancia. Si fiebre o RAO acudirá a UCIAs. fosfomicina x 3 días/24h».

«Nada. No entiendo nada de lo que dice ahí«, me dijo al salir de la consulta de Atención Primaria. Y no se trata de un caso aislado, pues sabemos que los pacientes no siempre asimilan lo que los médicos les comunican verbalmente ni tampoco los textos escritos.

Con toda probabilidad, el paciente al que acompañé hubiese entendido mejor la conclusión de su informe si el profesional sanitario lo hubiese adaptado de esta otra forma:

«Diagnóstico: hematuria posterior a infección del tracto urinario (ITU). Se informa al paciente sobre su estado y se decide el alta hospitalaria. Si tiene fiebre o retención aguda de orina (RAO), acudirá a urgencias. Tratamiento: fosfomicina 3 g durante tres días en una sola toma diaria. Se le recomienda beber líquidos abundantemente».

Y, ante esas dudas, los pacientes o bien no toman el fármaco o la terapia prescrita, o bien lo hacen de forma inadecuada, por lo que conviene insistir en la necesidad de potenciar las habilidades de comunicación de los profesionales de la salud.

Un paciente informado sobre su dolencia y, por tanto, responsable de su autocuidado obtiene mejores resultados de salud, demuestra un mejor seguimiento de los tratamientos y consume menos recursos sanitarios respecto a uno no informado.

La falta de seguimiento del tratamiento es uno de los problemas recurrentes de la sanidad, ya que si el paciente no toma la medicación, no sigue la dieta prescrita o no modifica su estilo de vida, tardará mucho más tiempo en mejorar o no lo hará.

Por qué no entendemos a los médicos

Existe la percepción generalizada de que al médico no se le entiende. Muchos enfermos sienten que los profesionales de la salud parece tratan con sus enfermedades y lesiones, y no con ellos.

No se les entiende, en general, porque utilizan un lenguaje, tanto oral como escrito, plagado de elementos que contribuyen a crear barreras cognitivas y lingüísticas que dificultan la comprensión, como los siguientes:

  • Uso de palabras desconocidas.
  • Empleo de frases muy largas.
  • No se sigue un orden gramatical correcto en la exposición de las ideas.
  • Concentran demasiados términos no explicados.
  • Uso abusivo de siglas o abreviaturas propias de la profesión.
  • Uso desmesurado de símbolos.
  • Abundantes errores tipográficos.
  • Falta de elementos de conexión en las frases.

Por otra parte, muchos pacientes siguen teniendo una imagen negativa de los profesionales sanitarios, debida al despotismo intelectual que ha acompañado a la profesión durante siglos. Nos referimos a la idea de «todo para el enfermo pero sin el enfermo».

Un paciente informado es un paciente empoderado: escuelas de pacientes 

Para resolver las dudas y que los pacientes tengan más y mejor información, cada vez son más los sistemas de salud que incluyen programas de paciente activo para la autogestión de su enfermedad, como es el caso de las escuelas de pacientes, que ayudan a las personas en esa capacitación. De hecho, algunos estudios indican que las personas más activas y con mayores conocimientos toman mejores decisiones sobre su salud, controlan los síntomas de su enfermedad y hacen un uso más eficiente del sistema sanitario.

Por ejemplo, está demostrado que un enfermo crónico formado sobre su dolencia y que se hace responsable de sí mismo le resulta más barato al sistema sanitario que un paciente pasivo al que no se ha implicado en el cuidado de su enfermedad.

Las enfermedades crónicas y el envejecimiento han puesto en evidencia que los hábitos de vida y la importancia del autocuidado son fundamentales para controlarlas. Y para ello es fundamental la información a los pacientes, su implicación y su responsabilidad a la hora de modificar hábitos o tomar decisiones.

¿Es bueno «googlear» para saber más?

Desde que el doctor Google apareció en nuestras vidas, son muchas las ocasiones en las que recurrimos a él para buscar información sobre cualquier asunto relacionado con una enfermedad. Así, nuestra curiosidad o interés nos lleva a «googlear» sobre síntomas o dolencias. Y esto es un doble reto para el médico, ya que, por un lado, es un estímulo más para él, pues el paciente probablemente esté «informado» sobre lo que él cree que es su enfermedad, y, por otro, puede que esté totalmente «desinformado», porque el gran problema de internet es quecualquier persona puede escribir sobre cualquier cosa,lo que puede confundir a los pacientes.

En este sentido, saber encontrar información fiable y de calidad en internet es un gran alivio para pacientes y familiares. Recomendamos nuestro curso gratuito online Infonautas en Salud 2.0, porque un paciente experto en su enfermedad es un paciente responsable.