Las armas químicas representan el lado oscuro de los avances de la ciencia. La misma ciencia que tiene la capacidad de encontrar recursos de supervivencia y desarrollo, puede, a su vez, contribuir a generar grandes catástrofes.

Es relevante destacarlo hoy, día de Conmemoración de Todas las Víctimas de la Guerra Química, representación palparía de cuando el conocimiento se pone a favor de algo tan nocivo como es la guerra.

Esta celebración es un homenaje a las víctimas de la guerra química y una oportunidad para reafirmar el compromiso de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) con eliminar este tipo de armas. Esta organización recibió el Premio Nobel de la Paz en 2013.

Antecedentes

En 1997 entró en vigor la Convención sobre las Armas Químicas, un tratado internacional por el que se prohíbe el desarrollo, la producción, el almacenamiento, la transferencia y el empleo de armas químicas, y se dispone además la destrucción de estas armas en un plazo de tiempo específico. Los estados partes en la convención representan un 98%, así como el 98% de industria química mundial.

Usos de las armas químicas

La Primera Guerra Mundial desencadenó el uso de armas químicas a gran escala para tener ventaja sobre el enemigo. El ejército alemán utiliza por primera vez gas mostaza en la ciudad belga de Ypres. Los efectos eran terribles: tos violenta, corrosión ocular, nasal, de faringe y pulmonar, y en algunos casos la asfixia. Pero apenas sería un ensayo de lo que vendría más tarde.

Uno de los artífices del desarrollo de las armas químicas fue el científico alemán Fritz Haber. Sus investigaciones en química le llevaron a crear los fertilizantes artificiales que revolucionaron la agricultura y, por los que años más tarde recibió un premio Nobel. Pero, de la misma manera, le valieron para presidir la comisión secreta de química de combate.

El químico alemán Fritz Haber, 9 de diciembre de 1868 – 29 de enero de 1934 (Getty Images)

La tragedia de Vietnam

Lamentablemente estas armas químicas no son difíciles de fabricar. Las materias primas con las que se compone son baratas y abundantes y su efecto es devastador tanto en los seres humanos como en el medio ambiente. Algunos de estos agentes permanecen en el medio ambiente muchos años después, afectado a las tierras de cultivo, al agua, etc.

Un helicóptero Bell UH-1 Iroquois del Ejército de Estados Unidos rociando Agente Naranja sobre campos de cultivo de Vietnam. (Wikimedia Commons)

Durante la Guerra de Vietnam, de 1961 a 1971, se calcula que Estados Unidos roció más de 73 millones de litros de agentes químicos en el país para quitar la vegetación que proporcionaba cobertura a las tropas enemigas. Rociando también tierras cultivadas y canales fluviales. Unos 45 millones de litros fueron el Agente Naranja. Su reacción es tan fuerte que no solo causa la muerte de los insectos, sino también de la propia planta.

Su uso provocó en Vietnam un desastre de evolución lenta cuyos devastadores impactos económicos, sanitarios y ecológicos todavía se sienten hoy.

En algunas zonas, las concentraciones de toxicidad en el suelo y el agua eran cientos de veces mayores que los niveles considerados seguros por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos.

Sin duda, la prohibición del uso de armas químicas fue un avance muy importante a nivel mundial. Pero es necesario seguir avanzando en una colaboración entre países para acabar totalmente con las reservas de armamento químico y fomentar acciones de responsabilidad y justicia.