Entre el 11 y el 27% de los problemas de salud mental derivan de factores sociales como las condiciones de trabajo.

En la actualidad, películas como “Campeones” o “Joker” se han convertido en éxitos de taquilla. Parecería entonces que la sociedad despierta y muestra su lado más sensible ante determinadas disfunciones del comportamiento humano pero…¿es real este interés?. En esta ocasión, dejando a un lado otro tipo de problemas de salud que puedan implicar ciertas discapacidades y centrándonos exclusivamente en trastornos de la salud mental, ¿qué conocimiento tiene la población de este tipo de situaciones?, ¿cuál es la respuesta personal y social ante los trastornos que sufren estas personas? Desde InfoSF abordamos este tema intentando arrojar un poco de luz, o cuando menos, invitar a la reflexión.

En España, el 9% de la población adulta padece un problema de salud mental. Casi el 3% es diagnosticado como grave (esquizofrenia, bipolaridad…). Si comparamos con otras dolencias, el porcentaje no resulta llamativo pero si de lo que hablamos es de personas y no de porcentajes, representan más de un millón de seres humanos. Pueden ser nuestros vecinos, o el mejor amigo de nuestro hijo; personas que no portan ningún cartel explicativo pero que cada día libran su propia batalla.

A nivel científico ni los propios expertos en la materia coinciden en señalar un motivo u otro como germen de la situación. Los factores desencadenantes pueden ir desde un desequilibrio químico hasta razones de índole genética o traumas infantiles. No hay por tanto una sola causa, pero lo fundamental para poder comprender la dimensión del problema es no considerar a estas personas culpables. Ellos son las principales víctimas, objetivo certero de una situación crónica o temporal que en definitiva condiciona su vida. Aun así, se tiene un problema de salud mental pero se sigue siendo padre de familia, compañero de gimnasio o pareja. Nadie deja a un lado su vida porque en un determinado momento sufra un trastorno mental. Hay que convivir con ello, buscar soluciones que palien la situación y en nada contribuye el miedo irracional o la desacertada asociación entre trastorno mental y violencia. Los expertos afirman: no hay correlación. Existen trastornos incontrolables, situaciones difíciles, pero más allá de todo esto este colectivo sufre la misma probabilidad que cualquier otra persona de tener un comportamiento agresivo. Muy por el contrario suelen ser antes objeto de burlas, agresiones o abusos.

Por otra parte la sociedad actual tampoco ayuda. Casi el 14% de la población sufre problemas de ansiedad o depresión, la mayoría mujeres, y aspectos como la incomunicación, la falta de empatía, o en particular, las condiciones de trabajo están también en la raíz de estos problemas. Resulta preocupante comprobar que cerca de dos millones de jóvenes entre 15 y 29 años, colectivo especialmente afectado por el paro, sufre anualmente episodios de trastorno mental.

En definitiva, no hablamos de enfermos sino de personas con afecciones que pueden alterar su forma de pensar o de sentir, su estado de ánimo o su comportamiento, personas que nos rodean, amigos con los que convivimos piel con piel y en último término, nosotros mismos. Nadie es culpable y nadie es inmune. Por ello, y porque lo que se necesita son tratamientos adecuados, atención especializada, apoyo a familiares, cuidadores y afectados, pero sobre todo, información, nos atrevemos a señalar algunas pautas de actuación para conseguir que toda persona con problemas de salud mental sea tratada con igualdad y respeto.

Si conoces a alguna persona afectada por un trastorno mental…

  • Interésate sinceramente y aprende a distinguir entre un problema de salud mental (esquizofrenia, depresión…)  y otras situaciones que provocan discapacidad (down, autismo…)
  • Actúa con naturalidad. No hagas sentir a la persona “diferente”.
  • No des muestras de compasión, miedo o rechazo. Tampoco frivolices con el problema.
  • A pesar de los mitos, no son genios ni seres extraordinarios. Son personas como tú y como yo. Trátalos como tal.
  • Resalta sus capacidades, no sus carencias.
  • Entiende el problema como una circunstancia. Como persona seguro que tiene otras muchas cualidades.
  • Intenta hablar en positivo, acompaña sus terapias y ayúdales a conseguir sus derechos.
  • Dales espacio para expresar sus sentimientos. Hazles protagonistas.

En definitiva, trátales como a ti te gustaría ser tratado.