Es tiempo de Navidad. Y a pesar del Covid, la Navidad es siempre sinónimo de alegría, magia, ilusión, vacaciones… Pero también, para muchos adultos y gran parte de los mayores es una época especialmente dura.

En Información Sin Fronteras (InfoSF) lo sabemos. Algunos de nuestros familiares o amigos quedaron en el camino, y frente al brillo de las luces, los ojos se empañan una vez más al contemplar esa silla vacía en nuestras mesas.

No importa que el suceso haya acaecido hace un mes o hace años. En esta ocasión el tiempo transcurrido, aunque alivie, no lo cura todo y como cada año volvemos a sentir la misma nostalgia de siempre. Es un sentimiento natural, el rescoldo de lo que conocemos como “duelo”, ese complejo proceso psicológico por el que antes o después, lamentablemente, todos pasamos.

No es una enfermedad. Se trata de un estadio completamente “normal” en el que los psicólogos distinguen cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

No todas las personas responden de igual manera ante la pérdida de un ser querido, o incluso ante la falta de esa mascota que formaba ya parte de nuestra familia. Tampoco todas siguen el modelo establecido pero la verdad es que la mayoría si experimenta una sensación negativa que puede ir desde la alteración al adormecimiento.

Vergüenza, rabia, aislamiento, miedo, incluso factores físicos como dificultad para dormir o dolores musculares son los síntomas más comunes.

Pero ¿qué podemos hacer para suavizar, en la medida de lo posible, este dolor, esa infinita tristeza?

Si eres quien ha padecido este suceso en primera persona recuerda que a pesar de lo difícil que resulta, has de expresar tus emociones y aceptar el dolor.

Si lo necesitas apóyate en tu círculo social, déjate acompañar e intenta recordar los mejores momentos compartidos con esa persona.

Siéntete agradecido por todo lo aprendido con ella y planifica una rutina que te ayude a organizar tu día a día para volver a la normalidad.

Piensa que has de volver a reconstruir tu vida tras este desequilibrio, y eso, sin duda, requiere tiempo. El duelo es uno de los procesos más dolorosos que podemos sentir. No tengas prisa. Respira. Llora si lo necesitas.

Cada persona siente de una forma diferente y tiene su propio ritmo. El vínculo roto necesita tiempo, pero con tu voluntad y energía podrás volver a sonreír.

Por otra parte, si acompañas a alguien en un duelo es imprescindible que sienta tu apoyo y compañía, máxime si la persona afectada es un niño. No le ocultes el dolor ni mientas sobre lo ocurrido. Trata de explicar el suceso acorde a su edad.

Si se trata de un adulto hazle saber igualmente que “estás ahí”, que sabes lo que significaba esa persona, lo importante que era en su vida… Sé paciente y no intentes restar trascendencia a sus sentimientos o a esa pérdida. No existen palabras mágicas ni frases grandilocuentes que sanen sin condición, pero estar a su lado, escuchar a esa persona y compartir su delicado momento es lo mejor que puedes hacer.

Por último, si a pesar del tiempo transcurrido sientes que no terminas de afrontar esa situación, busca apoyo profesional. Expresa sin miedo y sin vergüenza lo que sientes porque aunque el dolor nos haga parecer débiles, nada hay más humano, liberador y reconfortante que compartir el peso de tu propia existencia con los demás.

Busca un buen motivo, sonríe y comparte. A pesar de todas las ausencias, este año, más que nunca, ¡bienvenida Navidad!

Gracias por seguirnos en una nueva entrega de Saludable-mente.